Los libros y yo

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Yo comencé a leer de forma habitual a los 16 años, pero los libros han formado parte de mi vida desde que tengo uso de razón y hoy quiero contar anécdotas de mi relación —ahora muy cercana— con ellos.

Cuando estaba peque, realmente no puedo decir que tan peque, varías de mis películas favoritas eran las de La Historia Sin Fin, ver a Bastian leer un libro enorme me dieron ganas de leer un libro igual de enorme, pero no habían, el libro más grande que encontré en mi casa, era el de Las Mil Y Una Noches, que supongo mis papás creían que no leía en realidad y que sólo lo llevaba conmigo a todos lados como juguete, pero sí lo leí (lo más que pude), recuerdo que muchas de las imágenes del libro me impresionaban, pero el texto no siempre lo entendía. Hoy no recuerdo nada del libro, más que las imágenes impactantes y el recuerdo de pasar un verano en la playa sentada en la puerta de la casa junto a la arena leyendo con mis gruesos lentes mientras mis primos jugaban como los niños normales. Creo, fue en este momento, que mi curiosidad por la lectura nació.

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En la primaria, en la clase de Español, todos los años contábamos con un libro de lectura, que yo por gusto leía en las clases. Siempre he sido muy distraída y cuando abría mis libros de lectura me perdía, no sé en qué año comencé a hacerlo —tal vez en tercero— pero todos los años me leía todos los cuentos e historias del libro de lectura. Siempre he padecido de pánico escénico, pero cuando me llamaban para leer en clase, me gustaba, no tartamudeaba porque ya había leído las lecciones y fue así que aprendí a leer bien y sin trabas.

Mi abuela, tenía un librero viejo pero lleno a reventar en el último cuarto en su casa —lugar donde pasé el 90% de mis tardes en mi infancia— un día con mi hermano, aburridos los dos, decidimos sacar sillones a la calle y leer, ahí, en medio de la banqueta y con la gente pasando, comencé a leer Moby Dick de Herman Melville, no sé cuanto habré leído del libro, no recuerdo, pero recuerdo claramente estar sentada en un sillón en plena calle, una tarde fresca, perdida en mi lectura. Algún día leeré todo el libro.

Mi mamá igual cuenta con una colección de libros impresionante, el librero en nuestro estudio va del piso al techo y todos los estantes están llenos, pensando en mi y en mi hermano, mis papás habían comprado unas enciclopedias infantiles ilustradas —con portadas rojas que  amaba— y que disfrutaba leer en el sillón individual en mi sala, el sillón ya no existe, pero yo leía hasta caer dormida. Me gustaría saber qué pasó con esas enciclopedias.

Ya un poco más grande, en mi pre-adolescencia, le pedí a mi mamá que me recomendara libros, ya que su colección es poblada por libros de terror y suspenso, no tenía muchas opciones, así que me dio los que más creía acorde a mi edad, los espantosos libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, eran como cuatro, los leí todos y ahí mi habito a la lectura estaba cercano a nacer.

En sexto año me cambiaron de escuela, donde claro que por supuesto, nunca me adapté, y aunque la escuelita no contaba realmente con una biblioteca, el trabajador social siempre tenía consigo libros y cuentos, que yo leía u hojeaba durante el descanso cuando no quería hacer ni el intento de socializar con los demás niños.

Pero la biblioteca escolar que más marcó mi vida, definitivamente, fue la de mi secundaria, y lo fue mucho antes de estudiar ahí, mi mamá trabajaba en esa misma escuela, así que cuando iba por mi a la primaria cuando me sentía mal o salía temprano y tenía que esperarla, la esperaba en la biblioteca —que hoy en día es la sala de maestros— siempre sacaba algún libro y me sentaba a leer en lo que mi mamá me llamaba para ir a casa. Cuando entré oficialmente a la secundaria, era un patito feo antisocial que se pasaba sus descansos en la biblioteca —que ahora estaba detrás del teatro— y lo hacía por gusto. En las tardes, mi mamá me había inscrito a un estilo de taller en la escuela, que no recuerdo realmente de que era, pero también se llevaba a cabo en el área de la biblioteca, recuerdo una vez hablamos de leyendas y en otras ocasiones me enseñaron a hacer fichas bibliográficas y a organizar la biblioteca —cosa que hacía por gusto en los descansos— y así me convertí, en lo que ahora conozco como ‘bookworm’. La maestra que daba el taller de pintura y el taller al que iba en las tardes, era la encargada de la biblioteca y crecí a quererla mucho. Y que quede claro que no era una rechazada social, era antisocial, cosa similar pero no igual, no es que la gente no me hablara, o no quisieran llevarse conmigo, era yo la que tenía nulo interés de hacer amistades en ese lugar y me refugiaba en los libros, hábito que mantengo hasta el día de hoy.

El real “habito” de la lectura, como ya mencioné, me nació a los 16 años cuando entré a la preparatoria, donde dejé de ser tan antisocial, porque por fin conocí a personas mentalmente más similares a mi, y mi mejor amigo fue un factor importantísimo en mi gusto por la lectura, ya que él me hablaba de libros y fue quien me regaló uno de mis libros favoritos: Los Viajes De Gulliver. No es sorpresa que él ahora trabaje en una biblioteca en algún lugar lejos de aquí. Yo comencé a leer la saga de Harry Potter —no se olviden que tenía 16 añitos— y de mi mejor amigo escuché por primera vez la frase “No importa qué leas, mientras leas”, con los años aprendí a escoger libros y hoy en día ya sé cuales son mis autores favoritos y mi estilo predilecto de lectura.

Siempre me ha tocado ser la ñoña que lee. Cuando cambié de preparatoria, en la clase de Literatura, lo primero que preguntó el maestro fue “De aquí, ¿quién lee por gusto?” y fui la única que levantó su mano, y así fue, como se tomó 10 minutos de la clase para hablar de los libros que había leído, para recomendarme un libro y sobre el libro que estaba leyendo: Las Profecías de David Seltzer. Hasta el día de hoy, no recuerdo el título del libro que me recomendó, pero recuerdo los comentarios, de verdad lo quiero leer.

En la carrera, donde volví a cerrarme en mi caparazón de “No quiero hablar con nadie” y sólo hice un total de 4 amigos en los 4 años que hice ahí, comencé a llevar mis libros y a pasarme las clases leyendo —y no, nunca reprobé ni una sola materia— y jamás olvidaré el comentario de una de las brillantes mentes en mi escuela “¿Qué estás leyendo? Que flojera, yo ni las revistas leo y eso que traen fotos”. ¿Pueden juzgar que no haya sido social?.

Soy la niña que va a la playa con tres o cuatro libros en la maleta, no puedo vivir sin ellos, son mi escape, y siempre he dicho que de haber querido, hubiera leído más de lo que he leído hasta el día de hoy, apenas 95 libros, y una vez me dijeron “Es el momento en que te decimos ‘Wow, son muchos libros'” pero no, no me importa lo que opine nadie más que yo misma y yo opino que son muy pocos libros para una persona que ama leer. Mi sueño, es tener un estudio con un librero más grande que el de mi mamá, y aunque mi colección ya es bastante numerosa, me faltan muchos más. No me importa y nunca me ha importado que me digan ñoña o nerda, de hecho, es un honor ser una nerda, preferible a ser una descerebrada que escribe con los pies y con un léxico reducido.

Y para finalizar, no hay forma más rápida de llegarme al corazón, que regalándome o recomendándome un libro, nunca olvido a la persona por la cual lo leí.

Ésta fue mi historia con los libros.

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2 comentarios

  1. Me encantó leer está entrada. Me recordó mucho a lo que yo pase con los libros. Creo que la mayoría de lectores pasamos por ese punto, el que nos llamen nerdos. Amo leer y amo los libros, cuando termine de leer esto recorde por qué los amo tanto: siempre han estado para mí y gracias a ellos nunca más me he sentido sola. Estupenda entrada, me hizó sentir sentimental, me hizó recordar, me hizó sentirme orgullosa de la persona que soy. Gracias por escribirla. Quizás no tenga sentido lo que digo, pero gracias por -inconsientemente- ayudarme a no desmoronarme y a seguir siendo yo misma. Saludos.

    1. Siempre he visto a los libros como buenos amigos, te ayudan a distraerte, nunca te dejan sola, te llevan a lugares divertidos y a veces te aconsejan. Leer es uno de los más bonitos y recomendables hábitos 🙂

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